Baja California Sur no es el mismo de antes. La población, el estilo y ritmo de vida han cambiado significativamente desde hace unos años con el desarrollo, migración y crecimiento económico. La participación e involucramiento de la sociedad civil en temas de interés general es afortunadamente cada día más alto. Una muestra de eso, son los signos de apoyo de todo tipo, por la no construcción de minas a cielo abierto.
Concordia, que tiene muchos años ya con la concesión dada por el gobierno federal, ha puesto de nuevo los ojos en el sur de la península. La razón es simple: el precio del oro a finales de los 90 cuando le fue aprobado su permiso era infinitamente menor al precio que tiene hoy en los mercados internacionales.
El gobierno mexicano, que sin satanizarlo, se ha caracterizado por autorizaciones de mega proyectos al vapor, no pensó en las consecuencias catastróficas que tendría la puesta en operación de un plan con estas características.
En la Unión Europea y Costa Rica las cosas son distintas; ahí se prohíbe expresamente la expedición de permisos para la extracción de oro por este método. En Canadá, a diferencia de México, las exigencias del gobierno son más rigurosas y no cualquiera, solo por el hecho de ser rico puede invertir en algo semejante.
Pero ¿porque tanto escándalo de diversas asociaciones civiles? La respuesta es sencilla: como dice el nombre de una de esas organizaciones “agua vale más que oro”. ¿Qué significa esto? La esencia de este tipo de minería contempla un método que pone en riesgo claramente el ecosistema donde se desarrolla (sierra de la laguna) y la misma vida humana. El cianuro aquí, es el principal antagonista de esta historia.
El agua, elemento sumamente escaso en Baja California Sur, por sus características geográficas, es el tema que más preocupa a la población. La ejecución de este proyecto sería llevado a cabo en la principal fuente de este recurso en la entidad, que alimenta de agua a todo el sur de la península.
Aunque la minera asegura que es casi imposible que el cianuro se filtre de los depósitos donde está colocado, nada nos asegura que en México, el país donde pasa todo y a lo último todos hacen como si nada hubiera pasado, no haya negligencias o un desastre natural que desencadene algo mucho más grave.
Todos Santos, pueblo mágico, es potencialmente uno más afectados de la región. Su agricultura, que emplea a miles de personas en campos donde se cultivan distintas hortalizas de manera orgánica, se vería en problemas por la ridícula justificación de generación de empleos, que ascendería alrededor de 300 personas.
Ahora, solo resta esperar si las autoridades, en ocasiones con el sentido común de un adolescente borracho, eligen dar autorización a estos ricos desmesurados a cambio de unas ridículos impuestos que pagarían por hectárea (5 pesos por hectárea aproximadamente) o prefieren escuchar a la gente y ver por el medio ambiente.
Foto: Quuayaip
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