Puerto San Carlos, en Comondú, Baja California Sur, es una de esas localidades ubicadas en la zona media del estado, que han contribuido al desarrollo de toda la entidad por su gran potencial pesquero, pero que a cambio solo ha recibido promesas falsas de quienes han visto en su gente el capital político para la obtención de puestos públicos en beneficio propio.
Esta pequeña población, localizada en Bahía Magdalena, uno de los puntos neurálgicos de la pesca comercial a nivel nacional, ademas de su importancia turística por el avistamiento de ballenas, se encuentra sumida en la ingobernabilidad, las drogas, alcohol y esperanza de personas que buscan que algo cambie.
A diferencia de los Municipios de La Paz y Los Cabos, los gobiernos de los ayuntamientos norteños de Comondú, Loreto y Mulegé reciben poca crítica y casi nula supervisión de los medios de comunicación que contribuyen en ocasiones de buena manera para el mejor manejo de los funcionarios. Allá, todo puede pasar y nadie puede señalar, porque todos son cómplices de todo.
El tema de las drogas en San Carlos es sumamente grave y forma parte del común denominador de problemas que ataca a una población donde el gobierno no pone atención. El alcohol es la única diversión recreativa que encuentran las personas a falta de lugares donde esparcirse sanamente. Allá no existen todavía los oxxos donde puedan comprar el alcohol las casi 24 horas del día los jóvenes, pero se encuentran fácilmente expendios de cerveza que cumplen con la misma función.
Es verdaderamente normal ver coches andando a toda velocidad con narcomusica por las angostas calles del puerto pesquero poniendo en riesgo la vida de los demás, bajo la indiferencia absoluta de unas autoridades que solo muestran desinterés ante descarados actos violatorios de ley.
El diputado Adolfo Gonzales, originario de San Carlos y quien supuestamente los representaba dentro del congreso local, resulto ser una ave de rapiña, según una nota publicada en Colectivo Pericu, donde fue señalado por tomar cosas que pertenecían al mismo gobierno en un acto deshonesto y vergonzoso. Tan vergonzoso como su supuesto enriquecimiento ilícito que lo llevo a la construcción de un hotel en la misma comunidad.
Por lo pronto, el presidente municipal de Comondú, Joel Villegas, quien se ha hecho de una pésima fama por un sin número de escándalos de corrupción, visita la población por cosas que resultan irrisorias ante el sentido común humano, como la inauguración de un cajero automático Banamex, en lugar de hacer presencia en temas que laceran la cotidianidad de los habitantes de la zona.



